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  • Filosofía Afilada

Tantas veces Jordan Peterson

Actualizado: 4 de sep de 2020

Las falacias de Jordan Peterson y la necesidad de hacerles frente


Traducción del artículo “Why Jordan Peterson Is Always Wrong”, escrito por Ben Burgis y Matt McManus, co-autores de Myth and Mayhem: A Leftist Critique of Jordan Peterson. [1]

Jordan Peterson y la rana René. Adaptación de una imagen tomada de su web

En un artículo del New York Times de 2018, David Brooks llama a Jordan Peterson “el intelectual público más influyente del mundo occidental”. Sea o no sea cierto, Peterson es sin duda uno de los intelectuales más vistos en la historia de YouTube. Sus 12 Rules for Life [12 reglas para la vida], un libro de autoayuda condimentado con psicología jungeana y política reaccionaria fue un exitoso bestseller. En abril, cuando debatió con Slavoj Zizek en Toronto los revendedores cobraban más que lo que habrían podido cobrar por los juegos del equipo de hockey Toronto Maple Leaf.


Peterson es tan famoso por sus críticas a la izquierda como lo es por su obra acerca del malestar psicológico de la modernidad. Muchos de sus dardos han estado dirigidos a lo que él llama “neo-marxismo posmoderno” y “marxismo cultural”. Según Peterson, las universidades están llenas de radicales malagradecidos, determinados a minar las fundaciones intelectuales y espirituales de la civilización occidental, insistentes en su avance de una peligrosa agenda totalitaria que impulsa la “igualdad de resultados” [equality of outcome] en todas las esferas de la vida. Pero este peligro no se restringe a las aulas de clase. Donde sea que mire, Peterson ve los intentos de aquellos radicales institucionalmente poderosos por rehacer la sociedad según su imagen multi-género.


Tomemos como ejemplo el Acta C-16, que modificó la Ley de derechos humanos de Canadá en 2017 para incluir la identidad de género y que disparó a la fama, por primera vez, a Peterson. El objetivo primario del Acta era proteger a la población trans de la discriminación en áreas tales como vivienda. La palabra “pronombre” no aparece en ningún lugar del texto de este estatuto, y el Colegio de Abogados de Canadá intervino para decir que la idea de que esta enmienda “forzaría a los individuos a utilizar conceptos, incluso pronombres, que encuentran objetables” estaba basada en un “malentendido” básico acerca del modo en que la legislación sobre derechos humanos funciona.


Como sea, Peterson estaba absolutamente convencido de que la C-16 era un acta totalitaria para forzar el lenguaje y se hizo de renombre más allá de Canadá tras sus denuncias estridentes. El Acta C-16 ha estado en los libros desde hace algunos años ya, y nadie ha sido condenado por un “crimen de pronombres”. Pero ni Peterson ni sus seguidores parecen haber considerado la posibilidad de haber malinterpretado la ley.


Dado el alarmismo histórico de Peterson en relación con la legislación en derechos civiles a favor de la población trans, su uso de un lenguaje extravagante sacado de los arquetipos míticos jungeanos y su estilo frecuentemente histérico de presentación, ignorarlo sin más puede ser tentador. A algunxs puede preocuparles que darle más atención corre el riesgo de elevar su perfil y conceder legitimidad a sus críticas contra la izquierda.


El problema es que los libros y los videos de Peterson ya existen y han sido consumidos por millones de personas. Pase lo que le pase como individuo, es poco probable que sus hordas de fans partan pronto a otra parte. Es necesario responderle en una forma rigurosa y exhaustiva.


Algunos defensores de Peterson, entre los que se incluye a veces él mismo, han intentado despolitizar sus intervenciones, insistiendo que él es, en primer lugar, un psicólogo que ofrece guía e inspiración individual a las personas (mayormente, hombres jóvenes) que buscan encontrar su lugar en un mundo difícil. Pero esto ignora el hecho de que Peterson habla bastante de política (repudiando el socialismo y el feminismo, defendiendo las jerarquías, etc.) y que su retórica e ideas han sido popularizadas junto a sus sermones de autoayuda en los que les dice a sus oyentes que ordenen sus dormitorios.


Es fácil denunciar a Peterson por sus prejuicios o burlarse de él por usar frases como “el dragón del caos”. La tarea más importante es mostrar exactamente dónde y por qué está equivocado. Nos enfocaremos en dos ejemplos: “neo-marxismo posmoderno” y capitalismo y jerarquía.


Neo-marxismo posmoderno


Una de las bestias negras frecuentes de Peterson es el “neo-marxismo postmoderno” En una entrevista de 2018 con Big Think, Peterson esquematizó su comprensión del concepto y sus orígenes: debido a los horrores del estalinismo, las ideas marxistas y socialistas habrían estado tan desacreditadas en la década de 1960 que “se hizo imposible para una persona pensante ser un marxista”.


La solución de pensadores como Jacques Derrida y Michel Foucault, según Peterson, sería adaptar el análisis de clases marxista y convertirlo en una crítica general del poder. El resultado fue la política de identidades [identity politics] posmoderna, con un número creciente de grupos que se describen como marginalizados (desde mujeres hasta gente trans) que critican la “sociedad occidental” y demandan una redistribución del poder y la riqueza.


El punto final nefasto de este proyecto, nos cuenta Peterson, es una “igualdad de resultados” para todas las personas, en todas las esferas de la vida. Lograrlo requerirá una expansión masiva del poder y la coerción del Estado, por lo que Peterson considera que la izquierda radical de hoy coquetea con los mismos impulsos totalitarios que enviaron a Aleksandr Solzhenitsyn al gulag.


Uno de los problemas de esta imagen es que la historia de Peterson es simplemente errónea. Largo tiempo después de que Derrida y Foucault hubieran puesto en marcha sus carreras como pensadores posmodernos, el intelectual público líder en Francia, Jean-Paul Sartre, era un marxista comprometido. Aún más incómodo para la narrativa de Peterson, Sartre, como muchos socialistas entonces, era tan marxista como crítico de la Unión Soviética.

De Beauvoir, Sartre y Guevara en una reunión en Cuba en 1960 (foto de Alberto Korda)

Para Peterson, esta mezcla de perspectivas (en una palabra, el anti-estalinismo) es incomprensible. En un comentario de 2018, destacado en un video de Youtube, Peterson respondió a una invitación para debatir del economista marxista Richard Wolff refiriéndolo a su prólogo a la edición por el 50 aniversario del Archipiélago Gulag de Solzhenitsyn; sin importar que Wolff ha defendido la idea de que la Unión Soviética encarnó una forma de “capitalismo de Estado” y no de socialismo democrático, pues los trabajadores soviéticos no controlaban sus centros de trabajo ni votaban para repartir la plusvalía de lo que producían.


El único vínculo real entre el marxismo y el amplio especto de movimientos y escuelas de pensamiento sociales que Peterson asocia con el “neomarxismo posmoderno” es que todos estos incluyen reclamos contra la existencia de diversas formas de opresión. La idea parece ser que, ya que los marxistas piensan que los trabajadores están oprimidos por su posición económica y que las feministas piensan que las mujeres están oprimidas por su posición en una jerarquía de género, el feminismo es una “versión” del marxismo. Pero si creer que un grupo está ejerciendo el poder injustamente sobre otro hace a uno “marxista”, entonces el marxismo se anticipa al nacimiento de Karl Marx por el tiempo de casi toda la historia humana. Según este estándar, Espartaco, por ejemplo, fue marxista. Así como todos los involucrados en las revoluciones estadounidense y francesa. De igual manera los autores del Libro del Éxodo.


Un tercer y más profundo problema del análisis de Peterson es que, a pesar de su objeción contra la “igualdad de resultados”, continúa creyendo en la “igualdad de oportunidades”. Sin embargo, en una sociedad donde la riqueza puede ser heredada, esta distinción es insostenible. Los resultados [outcomes] de una generación dan forma, necesariamente, a las oportunidades de la siguiente generación. Tener padres ricos o padres pobres es la diferencia entre tener una colección de elecciones y un menú recortado de opciones. Esto también socava los argumentos de Peterson acerca de que las “jerarquías de competencias” tienen alguna asociación con el mérito, pues si la riqueza y otras ventajas pueden ser traspasados en una manera moralmente arbitraria, el éxito de una persona no puede ser simplemente atribuido al hecho de haber conservado sus espaldas erguidas y sus dormitorios ordenados.


Capitalismo y jerarquía, o “Consideren a la langosta”


Peterson idolatra al “libre mercado” del capitalismo neoliberal. Promociona, frecuentemente, su rol en sacar a la gente de la pobreza, mientras recompensa la competencia al poner a los individuos en jerarquías basadas en sus méritos y contribuciones, según el discernimiento del mercado.


Da un número de justificaciones de su apoyo al capitalismo y la jerarquía. Algunas veces, presenta la jerarquía como natural y, por lo tanto, como inevitable y justificable en su forma actual. En el primer capítulo importante de 12 reglas para vivir, Peterson nos pide considerar a nuestro pariente genético, la langosta, y la manera en la que compite para formar jerarquías dominantes al fondo del océano. Las langostas más grandes empujan a las langostas más pequeñas. ¿Por qué las cosas deberían ser diferentes en el mundo humano?


"En el mundo de la langosta, el ganador lo toma todo, tal como en las sociedades humanas, donde el 1% superior tiene tanto botín como el 50% inferior; y donde las 85 personas más ricas tienen tanto como los tres mil millones y medio más pobres. El mismo principio brutal de distribución desigual se aplica fuera de la esfera financiera; en efecto, en cualquier parte donde se necesita producción creativa. La mayoría de los artículos científicos son publicados por un grupo muy pequeño de científicos. Una proporción minoritaria de músicos produce casi todo el material comercial grabado. Sólo un puñado de autores vende todos los libros."

Una respuesta obvia es que, mientras lxs izquierdistas pueden pensar que, manteniendo lo demás igual, una sociedad un poco menos jerárquica sería mejor, nadie en la izquierda pretende eliminar todas las formas de jerarquía. Incluso los socialistas más radicales, por ejemplo, tienden a pensar que las madres y padres deberían ser capaces de ejercer una cierta cantidad de control benevolente sobre sus hijas e hijos jóvenes. Nosotros dos hemos sido izquierdistas durante un largo tiempo, y ninguno ha conocido a un socialista que defienda como un asunto de principio anti-jerárquico que las hijas e hijos menores deberían poder jugar en medio del tráfico o cenar helado cada noche si es que no pueden ser convencidos de no hacerlo de manera no-coercitiva. La pregunta siempre ha sido qué tipo y cuánta jerarquía es justificada, no si la jerarquía debe ser permitida.


En el capítulo 6 [de 12 Reglas…], Peterson hace un argumento más fatalista para las jerarquías capitalistas. La vida comprende frecuentemente bastante sufrimiento, escribe. Esto no es culpa de ningún grupo social o jerarquía. Así que, en lugar de intentar utilizar alguna fuerza social como chivo expiatorio, es mejor hacernos cargo de nuestras propias vidas. En palabras de Peterson: “no culpes al capitalismo, a la izquierda radical, o a la injusticia de tus enemigos. No reorganices el Estado hasta que no hayas puesto en orden tu propia experiencia. Ten un poco de humildad. Si no puedes poner tu hogar en paz, ¿cómo te atreves a intentar gobernar una ciudad? Deja que tu propia alma te guíe.”


Un problema del argumento de Peterson es que este podría haber sido usado en cualquier punto de la historia para defender cualquier clase de jerarquía. ¿Eres un esclavo? ¡No culpes a la esclavitud de tu sufrimiento! Otro defecto que Peterson ignora ampliamente es que, mientras nadie niega que los problemas personales muy frecuentemente tengan dimensiones no-políticas, algunas veces éstos claramente tienen dimensiones políticas. Si tu matrimonio se está destruyendo porque tienes dos trabajos y nunca logras ver a tu pareja, hay obviamente un elemento personal. Pero tu situación también habla de las fallas graves del capitalismo neoliberal. Insistir en que las personas se concentren sólo en las dimensiones de sus problemas que el progreso social no puede resolver es tan desatinado como decir que nadie debería ir al doctor porque no todo el sufrimiento humano es causado por enfermedades curables.


Peterson, el capitalismo y la tradición


Una contradicción central atraviesa la concepción de mundo de Jordan Peterson. Por un lado, defiende las jerarquías capitalistas y exige que no hagamos nada por cambiarlas. Por el otro, se lamenta de la atomización social y de la pérdida de los vínculos comunitarios y religiosos tradicionales. A lo largo de sus libros, Peterson describe frecuentemente la modernidad como un periodo donde el sentido provisto por la fe ha sido erosionado por los asaltos de la razón científica demasiado ambiciosa y la filosofía posmoderna corrosiva. El resultado ha sido ya sea una retirada cínica del mundo o el impulso totalitario de volver a traer el sentido por la fuerza.


Unx no necesita compartir la nostalgia de Peterson por un pasado patriarcal opresor para compartir su descontento con estas características del presente. La atomización social es un problema. Y mientras que nadie debería estar forzado (ya sea por ley o por tabú social) a permanecer en una mala relación, también es un problema para la libertad y prosperidad humana cuando la gente tiene dificultades para conservar vínculos interpersonales buenos y valiosos debido a las presiones económicas. Incluso cuando se trata de los componentes más nebulosos y espirituales de las quejas de Peterson, hay pensadores socialistas (la fama de Mark Fisher, autor de Realismo Capitalista nos viene a la mente) que han comentado los mismos fenómenos.

Foto tomada de la reseña de Barry Taylor (https://www.ukbloke.com/news/2018/2/14/dissatisfying-satisfaction)

Pero a diferencia de los pensadores de izquierda, Peterson evita preguntarse si el capitalismo tiene alguna responsabilidad ante la crisis de sentido que él y otrxs han diagnosticado. Esta es una evasión notable, dado el impacto del capitalismo en todos los tipos de esferas tradicionales de la vida. Desde los pastores multimillonarios que pregonan sus productos en mega iglesias en Texas, hasta las comunidades rurales de los Andes diezmadas por las industrias mineras canadienses: el capital ha transformado fundamentalmente el mundo a su alrededor. Las condiciones que dieron lugar a la queja de Peterson están bien descritas en un libro que el psicólogo canadiense sin lugar a dudas aborrece, el Manifiesto comunista:

“La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los instrumentos de producción y, por consiguiente, las relaciones de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La conservación del antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de todas las clases industriales precedentes. Una revolución continua en la producción, una incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Todas las relaciones estancadas y enmohecidas, con su cortejo de creencias y de ideas veneradas durante siglos, quedan rotas; las nuevas se hacen añejas antes de llegar a osificarse. Todo lo sólido se desvanece en el aire…”[2]

La renuencia de Peterson a mirar hacia el efecto transformador del capitalismo, toda vez que reclama por la decadencia de sentido de lo sagrado, puede explicar por qué se esfuerza tanto en atacar a filósofos franceses relativamente oscuros. Al implicar que el responsable de las condiciones actuales es un conjunto de intelectuales sofistas “malagradecidos”, Peterson puede evitar mirar con profundidad la tensión entre su apoyo al tradicionalismo y su rol como animador del capital global. Mucho más fácil es señalar con el dedo a Derrida y a Foucault por la llegada del cinismo posmoderno que preguntarse si la ideología construida sobre el axioma “todo tiene su precio” tiene algo que ver, tal vez, con la disminución de la fe en los valores eternos.


Notas:


[1] Traducido del inglés por Rodrigo Y. Sandoval. Artículo original: https://jacobinmag.com/2020/04/jordan-peterson-capitalism-postmodernism-ideology

[2] Trad. del alemán en: K. Marx; F. Engels, Obras escogidas. Moscú: Editorial Progreso, p. 35. Traducción levemente modificada.


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