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  • Filosofía Afilada

El pensamiento virreinal: ¿orígenes de la filosofía latinoamericana?

Actualizado: 15 de jun de 2020

Por Jean Christian Egoávil (1)


Si nos planteamos la pregunta sobre el origen y la originalidad del pensamiento latinoamericano, debería considerarse a la filosofía virreinal como uno de los elementos fundamentales de nuestra exuberante y variopinta identidad filosófica, pues, como dice el adagio latino, ex nihilo nihil fit, "nada surge de la nada".

Imagen de interiores de edificio en Arequipa, Perú

I.


Pensadoras y pensadores latinoamericanos durante el siglo XX no escatimaron esfuerzos al momento de plantearse la acuciante (e incluso intrigante) duda acerca de la posibilidad de una filosofía latinoamericana, así como se habla, desde una perspectiva nacional, de una filosofía francesa, inglesa, española o alemana; o, desde una perspectiva histórica, de una filosofía griega, romana, medieval, moderna o contemporánea. Alimentada por la búsqueda de una identidad nacional, la pregunta por la filosofía latinoamericana surgió desde la cuestión sobre el ser americano luego de la conformación de las naciones y de las sangrientas luchas políticas de fines del siglo XIX e inicios del siglo XX. En este sentido, México, luego del triunfo de la revolución de 1910, marcó el punto de inicio de una incesante búsqueda sobre los orígenes culturales y filosóficos de la identidad del ser mexicano e, inmediatamente, esta se expandió a las demás naciones del continente. (2)


Las primeras ideas planteadas sobre el ser latinoamericano fueron escritas por José Vasconcelos en su libro La raza cósmica. Misión de la raza iberoamericana de 1925 y el texto Indología: una interpretación de la cultura iberoamericana de 1926. Este esfuerzo fue continuado por su compatriota Samuel Ramos con su obra El perfil del hombre y la cultura en México de 1934. Ambos autores, si bien es cierto, plantean el problema de la identidad mexicana, aún no sugieren, sin embargo, de manera directa la cuestión sobre la existencia o no de una filosofía latinoamericana, aunque estas obras despertaron el interés de otros pensadores del continente. Por ejemplo, el argentino Rodolfo Kusch, cuya obra La seducción de la barbarie. Análisis herético de un continente mestizo fue publicada en 1953, y su compatriota, Alberto Caturelli, autor del ensayo América bifronte de 1937; o el peruano Antenor Orrego, quien publicó en 1937 un interesante texto titulado Pueblo continente. Asimismo, cabe añadir el magistral trabajo del mexicano Edmundo O'Gorman, La invención de América (1958), cuya obra aglutina al conjunto de pensadores mencionados, caracterizados por una aproximación a la cuestión sobre la filosofía latinoamericana. Justamente, se trata de una aproximación, dado que no se plantearon directamente el problema.


El planteamiento directo, en cambio, surgirá en paralelo al grupo anterior de autores, de modo que la cuestión sobre la filosofía latinoamericana emerge casi al unísono con la cuestión sobre la identidad del ser latinoamericano. El texto de Francisco Romero, titulado Sobre la filosofía en Iberoamérica (1940) no deja duda sobre el tema central de su preocupación. Del mismo modo, el interesantísimo libro de Risieri Frondizi, ¿Hay una filosofía iberoamericana? (1948) perfila claramente los intereses de los nóveles pensadores en torno a la identidad filosófica latinoamericana, que, una década después, en 1958, la filósofa cubana Victoria de Caturla Brú explicita como un conjunto de cuestiones para la dilucidación inmediata de nuestra herencia filosófica en su texto ¿Cuáles son los grandes temas de la filosofía latinoamericana? El tema, la pregunta y el problema ya estaban organizados.


El impulso que inyectó la obra de José Gaos, refugiado español en México y discípulo directo de José Ortega y Gasset, fue fundamental para los avances en la investigación sobre el pensamiento latinoamericano, puesto que, junto a Leopoldo Zea, su discípulo, iniciaron una serie fructífera de indagaciones sobre la historia de las ideas desarrolladas en América. Los resultados fueron vertidos en los textos Filosofía en lengua española, de Gaos, publicado en 1945, y en la original obra de Zea, Filosofía de la historia americana, de 1978. Y, sin duda, la obra de este último pensador fue crucial para el enriquecimiento de la cuestión sobre el pensamiento filosófico latinoamericano. En consecuencia, en paralelo y motivado por el trabajo de Zea, Augusto Salazar Bondy publicó en el Perú, en 1968, un texto fundamental titulado ¿Existe una filosofía de nuestra América? e, inmediatamente, Francisco Miró Quesada Cantuarias publicó, en 1974, Despertar y proyecto del filosofar latinoamericano. Cinco años más tarde, en 1979, Arturo Ardao publicaba en Uruguay Historia y evolución de las ideas filosóficas en América Latina.


El trabajo por la búsqueda de una identidad propia de la filosofía latinoamericana no cesó durante los años 70 y 80, más bien, y a causa de las muy complejas realidades políticas de los países del continente, la cuestión tomó una postura política necesaria y los pensadores latinoamericanos propusieron sus ideas sobre identidad e historia desde un frente de liberación política. En efecto, cabe destacar la presencia de Enrique Dussel, cuyo texto Filosofía de la liberación, de 1973, marcó un hito en el devenir de las futuras investigaciones sobre nuestra identidad filosófica. Desde entonces, para fines del siglo XX, América Latina se encontró en dos escenarios ante la búsqueda de sus orígenes filosóficos: por un lado, el reconocimiento de su historia y herencia, y, por el otro, la constante tensión política y social de las naciones que no permitó observar con tranquilidad su pasado para reconocerse en su presente.


II.


Deseo, en este punto, referirme con mayor detalle al primer escenario hacia la exploración de nuestra rica y vasta herencia filosófica, que se forjó desde el momento en que se instauraron las dos grandes entidades sociales y políticas que fueron los Virreinatos de México y del Perú. Es decir, mi propósito es mencionar el desarrollo de una filosofía virreinal, con sus autores, temas y originalidades, que nos permiten proponerla como un elemento histórico hacia la conformación de una filosofía latinoamericana. Me centraré, por cuestiones de extensión, en el caso del Virreinato del Perú, teniendo en cuenta que este abarca un arco temporal histórico desde el año 1542 hasta el año 1821, el inicio de la república peruana. Debemos tener en cuenta que los sucesos sociales y políticos ocurridos dentro de este arco temporal son complejos, vastos, diversos y de alcances históricos insospechados, no sólo por la pluralidad de sociedades integradas al Virreinato, sino también por la amplitud geográfica que, con el trascurrir de las reformas posteriores, fue organizándose de diversas maneras.


Se sabe que los primeros profesores de filosofía instalados en América del Sur durante la época de los virreinatos fueron, en su gran mayoría, religiosos destinados a la enseñanza de las artes liberales y de la teología en los diversos Colegios o Studia que las diferentes órdenes religiosas (franciscanos, dominicos, jesuitas, agustinos, etc.) fundaron en las principales ciudades. Durante el siglo XVI hubo un conjunto de colegios que conformaron la primera universidad (universitas) del continente por derecho pontificio y por derecho regio, fundándose en 1551 en el claustro del convento de los padres dominicos de Lima. El nombre dado a esta primigenia institución fue en honor al evangelista San Marcos, tal como se reconoce en su escudo. En esta universidad y en los colegios anexos se desarrolló el movimiento filosófico denominado como "filosofía virreinal" y que, para el caso sudamericano, encontró su mayor esplendor en el siglo XVII.

Fachada de la "Real Universidad" en Lima, Perú (s. XVIII).
Fachada de la "Real Universidad" en Lima, Perú (s. XVIII). Fuente: Congreso de la República del Perú

Muchos de los profesores de estos colegios y de la Universidad de San Marcos fueron españoles graduados de las principales universidades europeas (París, Oxford, Cambridge, Boloña, Salerno, Salamanca y Alcalá de Henares). Lo interesante es que el ambiente cultural y filosófico en la península ibérica de aquella época disfrutaba de una calidad inimaginable, lo que se reconoce ahora como el Siglo de Oro hispánico. Y, en cuestiones filosóficas, España estaba a la vanguardia, especialmente en temas referentes a la filosofía política, el derecho, la ética y la antropología.


El programa de estudios de la universidad virreinal contemplaba un esquema similar a los planes de estudios de las universidades europeas, pero, a diferencia del uso europeo de la Summa, en el caso americano se empleó un novedoso método: el de los Cursos. De allí que el título de muchas obras tuviera como nombre el de Cursus Philosophicus. Los temas no sólo se alimentaban de las perspectivas filosóficas de Aristóteles, sino también de asuntos platónicos, neoplatónicos y herméticos (3) propios del Renacimiento europeo, aunque es interesante notar que el bastión principal del aristotelismo en Sudamérica fue la filosofía, y del platonismo, neoplatonismo y hermetismo fue la literatura. Asimismo, las doctrinas de pensadores escolásticos, como Alberto Magno, Tomás de Aquino, Buenaventura de Bagnoregio, Juan Duns Escoto, Enrique de Gante o del áureo Francisco de Suárez fueron estudiadas y discutidas en las aulas universitarias. Con el pasar de las décadas del siglo XVI estas ideas fueron germinando en las mentes de los criollos sudamericanos, como las semillas de una novedosa postura filosófica de acuerdo con las circunstancias que el contexto social y político exigía en aquella época.


En efecto, se puede reafirmar, junto a Daniel Furlong, que el siglo XVII fue para el Perú y Sudamérica el siglo de oro de la filosofía. Décadas antes, en México ya se había publicado la inmensa obra de Juan de la Vera Cruz en una trilogía de textos titulados Reconigtio Summularum y Dialectica resolutio publicados en 1554 y la Physica Speculatio publicada en 1557, así como la reconocida obra, y ampliamente editada en Europa, Logica mexicana, de Antonio Rubio. Para el caso sudamericano, en el siglo XVII se inicia la publicación del incunable americano (4) y primera obra de filosofía impresa en la parte Meridional del continente titulada Comentarii ad quaestiones in universam Aristotelis ad subtilissimi Doctoris Iohannis Duns Scoti logicam, mayormente conocida como la Logica Via Scoti. Esta obra fue compuesta por el criollo nacido en Chachapoyas (Perú), Jerónimo de Valera, y fue publicada en Lima en 1610. Con este libro se inicia una serie de importantes publicaciones de filósofos virreinales que, observadas desde una perspectiva no sólo filosófica, sino también histórica, nos muestran detalles que nos ayudan a plantear ideas novedosas sobre las características de sus doctrinas frente a sus contemporáneos no americanos y que conformarían el sello de una originalidad y punto de inicio de una tradición filosófica que a lo largo de los siglos fue variando hacia una preocupación por los orígenes de la filosofía latinoamericana.


Entre los más importantes pensadores virreinales cabe destacar a Juan Espinoza Medrano, en cuya Philosophia Thomistica (1688) planteaba no sólo una evaluación de lógica aristotélica, sino también el reconocimiento de la originalidad de los sudamericanos por parte de sus pares europeos (parece ser una referencia a Descartes). Asimismo, es importante anotar el caso de los hermanos Leonardo Peñafiel y Alonso Peñafiel cuyas obras Comentaria in Aristotelis Metaphysicam (1632) y Cursus integri philosophi (1636) respectivamente muestran preocupaciones y planteamientos lógicos muy vinculados con temas metafísicos y ontológicos de trascendental importancia. Del mismo modo, la obra del célebre pensador Juan Pérez de Menacho, Comentarii ad Divinae Thomae (1635), que renueva los planteamientos lógicos de la doctrina tomista con respecto a una realidad ontológica distinta como fue la sudamericana; o la obra importantísima obra del chileno Alonso Briceño, quien en su Celebriores controversias in primum Sentenciarum Scoti (1638) renovó los intereses lógicos y ontológicos de su maestro Jerónimo de Valera. Asimismo, se debe mencionar a u importante pensaro del siglo XVIII, aunque continuador de los anteriores, Isidoro de Celis, cuya obra Elementa Philosophiae (1787) es un original tratado de física donde discute las recientes tesis de Newton aplicadas a la realidad de América del Sur. Del mismo modo podríamos citar a una pléyade de pensadores y obras, pero cabe preguntarnos qué es lo que hace que sus planteamientos sean originales, de modo que podamos hablar de una filosofía virreinal que sea el fundamento histórico del pensamiento latinoamericano.


III.


Considero que el contexto en el cual surgen estas novedosas posturas está condicionado por las preocupaciones lógico-lingüísticas motivadas por el reto de las campañas de evangelización y la confección, para ello, de gramáticas, catecismos y vocabularios, tanto en español como en quechua y aimara. Estas preocupaciones condujeron a estos autores a replantear todos los presupuestos lógicos que habían heredado de las doctrinas anteriores. De allí que todos los libros de aquella época inicien evaluando los presupuestos lógicos y aclaren las limitaciones de la lógica tradicional. En suma, el nacimiento de la filosofía virreinal se caracteriza por una preocupación logico-lingüística que, con el transcurrir de las décadas, tomará nuevos rumbos a la par del desarrollo filosófico europeo, como sucedió con los racionalistas y empiristas.


En efecto, la imagen de Sudamérica como la caja de resonancia del pensamiento español de los siglos XVI, XVII y XVIII no es tan correcta; más bien, ya los mismos autores virreinales se mostraron y se sintieron distintos a sus pares europeos, de modo que desarrollaron una tradición filosófica genuina a partir de una serie de cuestiones de orden lógico-linguïstica. Finalmente, si nos planteamos la pregunta sobre el origen y la originalidad del pensamiento latinoamericano, debería considerarse a la filosofía virreinal como uno de los elementos fundamentales de nuestra exuberante y variopinta identidad filosófica, pues como dice el adagio latino, ex nihilo nihil fit, "nada surge de la nada".


Notas:

(1) Jean Christian Egoávil es un filósofo e historiador peruano. Investiga sobre la filosofía desarrollada en el Perú durante los siglos XVI y XVII empleando herramientas proporcionadas por la Inteligencia Artificial y las humanidades digitales.

(2) Con este artículo iniciamos una serie de reflexiones sobre la filosofía en Latinoamérica. Con ello esperamos destacar las voces muchas veces invisibilizadas de la historia del pensamiento, toda vez que reconocemos que las relaciones de poder han afectado de manera distinta, en forma y grado, a la población mestiza, indígena, femenina, y a las minorías en general, precarizadas de distinto modo. El trabajo de visibilización es arduo y no es excluyente. Esperamos recibir nuevas contribuciones que develen diferentes aspectos de esta realidad multiforme y multicolor. [Nota del editor]

(3) Este término refiere a los seguidores del hermetismo, que fue una corriente de pensamiento producto de una simbiosis entre filosofía, teología, posturas mágicas y mitología propias del antiguo Egipto y, según se registra, apareció en tierras egipcias durante la dominación romana entre los siglos I y IV d.C. Se suele considerar a Hermes Trimegisto como iniciador de este movimiento y la autoría de un conjunto de textos que conforman el Corpus hermeticum. [Nota del autor]

(4) Se considera como "incunable americano" a todas las obras impresas en los virreinatos del Perú y de México desta el siglo XVI hasta mediados del siglo XVII. [Nota del autor]